SÁBADO 17/11/12
He vuelto a realizar la misma ruta que hace dos días, pero esta vez con más intensidad todavía. Me he visto bien, por lo que a la semana que viene ampliaré kilometros para aumentar resistencia.









Seguimos en dirección al Actur para dar una vuelta completa a toda la Expo, fue una ruta muy maja, y pudimos pasar un rato de un día de fiesta tranquilos y hablando de todo. Una de las partes de más acción que hubo, fue cuando les dije de bajar por un camino que había pegado al Ebro, entonces bajamos y era un camino de madera, ¿qué pasó? pues que Javi pegó un derrape de mil pares de narices (todavía está pensando en como no se pudo caer) que parecía que estaba rodando una peli de acción, y luego mi padre, aún viendo la situación que había, en una curva se confió, y se pegó un buen leñazo por culpa de un resbalón, por suerte no se hizo nada. Lo mejor de todo, fue cuando les dije que quería continuar por otro camino para ver que había por ahí, íba yo el primero, y no íbamos muy lentos la verdad, pero me dí cuenta de que había un escalón un tanto alto como para que el porrazo fuera gordo. Frené e intenté avisar como pude a los demás, mi padre aún oyéndome quiso saltar y saltó bien, Javi no sé si me oyó, porque la saltó también, pero por un pelo no fue de cabeza al río. Yo bajé primero y luego la bicicleta. Una vez allí nos encontramos a dos mascotas no muy agradables, yo solo ví una, mi padre vió otra cruzar. De primeras me pareció un gato, luego ya me dí cuenta de que no, eran ratas, cogímos y nos dimos la vuelta sin pensarlo dos veces. A la vuelta paramos en el Pilar, para hacernos un par de fotos con ella.
Era mi momento, mi soledad, mi rato libre para disfrutarla con mi montaña, el Moncayo.
Tenía ganas de ir desde hace días, pero no encontraba el momento, en cuanto saqué un hueco no me lo pensé dos veces. Ya desde abajo podía apreciar algo de nieve, pero no mucha, así que me abrigué bien, recuerdo que la última vez fue en Octubre y pasé mucho frío arriba, así que ahora que estábamos en Noviembre y arriba estaba nevado no me quería arriesgar. El único problema que tuve fue que no tenía mochilas en casa, así que me cogí la mochila de la bicicleta, en el que solo me cabía la cantimplora y el bocadillo, no cabía nada más. Me había comprado una chaqueta para la bicicleta, y ahí era un buen lugar para estrenarla y comprobar que abriga bien. También llevé una camiseta y dos polares, pero como no me cabían, me las apañé como pude para llevarlas para arriba.
Cuando llego arriba mis ojos ven lo más bonito del Moncayo, eso era un espectáculo.
Tengo enfrente un mar de nubes revuelto. Es precioso. No me esperaba en ningún momento encontrarme con esa maravilla, desde Zaragoza se veía todo despejado, y cuando llego arriba me encuentro con esta preciosidad, me emocioné cuando lo ví y aun me emociono cuando lo recuerdo. Me quedé observando ese mar durante un buen rato, viendo como las nubes tapaban el cuerpo de unos molinos y estos asomaban la cabeza mientras daban vueltas. Espectacular. Aproveché para hacer un monton de fotos, y cada vez que me giraba para andar, me volvía otra vez para volverlo a mirar.
Fuí camino a la cima, y había muy poca nieve pero lo suficiente para decir que bonito es.
Estaba solo, y era hora de comer. Me senté entre unas paredes de piedra para evitar un poco el frío y empecé a comerme mi bocadillo de tortilla de patata. Me sentó de genial, estaba tranquilo, en silencio, no se oía nada y enfrente tenía los pirineos totalmente nevados.
Decidí bajar, y sabía que ahora venía lo peor, no por abandonar a mi montaña, que eso ya tenía lo suyo, si no porque había una zona bastante complicada de hielo y sabía que ahí iba a pasar algo.
Cuando llego a esa zona me doy cuenta lo complicado que es bajar eso sin tener una caida maja. Es imposible mantenerse de pie, es un resbalón tras otro, incluso alguno me arrastra como si de un tobogán se tratara. Me agarro en todas las piedras que puedo y consigo bajar el tramo complicado. Todo lo demas es normal, bajo algunos tramos corriendo porque ya me noto cansado y tengo ganas de llegar al coche. Cuando llego abajo al Circo de San Miguel, me despido de mi montaña, porque ya hasta el año que viene, no voy a volver.

La bajada es impresionante, en una de las rectas casi llego a alcanzar los 50Km/h por camino de tierra.
Ha estado muy bien, una ruta que tambien quiero volver a repetir, han sido 48Km de subidas y bajadas, pero que con las vistas que tiene uno ahí, se olvida practicamente de eso.