lunes, 10 de enero de 2011

La ciudad maña

Quedamos Javi, mi padre y yo para dar una vuelta tranquila el día de Reyes, y así fue. Se levantó la mañana con mucha niebla, miedo tenía yo, porque la última vez que salí con la bicicleta también había niebla y me tuve que volver porque me empezó a doler el tobillo.


Como el día anterior estuvo lloviendo, sabíamos que los caminos iban a estar embarrados, por lo que decidimos ir hasta el cementerio de Torrero y elegir ahí a donde íbamos a ir. Decidimos ir por la Expo, conocer con la bicicleta sitios que nunca habíamos pasado. Bajamos todo el tercer cinturón hasta el Ebro y llegamos hasta el Puente de Hierro. Lo cruzamos y bajamos por unas escaleras hasta la orilla del Ebro, y fue justo ahí donde conocí el misterioso Pozo de San Lázaro.

Seguimos en dirección al Actur para dar una vuelta completa a toda la Expo, fue una ruta muy maja, y pudimos pasar un rato de un día de fiesta tranquilos y hablando de todo. Una de las partes de más acción que hubo, fue cuando les dije de bajar por un camino que había pegado al Ebro, entonces bajamos y era un camino de madera, ¿qué pasó? pues que Javi pegó un derrape de mil pares de narices (todavía está pensando en como no se pudo caer) que parecía que estaba rodando una peli de acción, y luego mi padre, aún viendo la situación que había, en una curva se confió, y se pegó un buen leñazo por culpa de un resbalón, por suerte no se hizo nada. Lo mejor de todo, fue cuando les dije que quería continuar por otro camino para ver que había por ahí, íba yo el primero, y no íbamos muy lentos la verdad, pero me dí cuenta de que había un escalón un tanto alto como para que el porrazo fuera gordo. Frené e intenté avisar como pude a los demás, mi padre aún oyéndome quiso saltar y saltó bien, Javi no sé si me oyó, porque la saltó también, pero por un pelo no fue de cabeza al río. Yo bajé primero y luego la bicicleta. Una vez allí nos encontramos a dos mascotas no muy agradables, yo solo ví una, mi padre vió otra cruzar. De primeras me pareció un gato, luego ya me dí cuenta de que no, eran ratas, cogímos y nos dimos la vuelta sin pensarlo dos veces. A la vuelta paramos en el Pilar, para hacernos un par de fotos con ella.





Ya después de hacer 40 Km tranquilos, fuimos para casa a ducharnos y después quedamos para tomar algo en el bar de siempre.