lunes, 19 de octubre de 2009

Una experiencia inolvidable

En el instante que paré el coche y miré montaña arriba, supe que lo podría hacer. Era aproximadamente las 12.00am cuando empecé la ruta. Era un día con un viento bastante intenso, pero no lo suficiente como para no poder ascender, era el día que estaba esperando desde hace un año, y nada me lo podía estropear. Volví a pasar por el pinar antes de llegar a mi queridisimo Circo de San Miguel, esta vez ya tenía todo mas claro, y sabía que la ruta continuaba por la izquierda. Llevaba 1 hora aproximadamente cuando vi bajar a un grupo de montañeros por la zona donde yo pasaba, la verdad esque me animaron bastante, y supongo que sería porque me vieron solo, porque entienden que ascender solo, es mucho mas duro que yendo acompañado, ya que no tienes el mismo ánimo y te puedes ir abajo mucho antes. Los montañeros me advirtieron del frío que hacía arriba del todo, y que me abrigara muy bien, recuerdo que yo en esos momentos ya tenía bastante frío. Hubo un tramo de subida aproximadamente de media hora que fue bastante dificil, me tuve que ayudar con las manos para poder seguir subiendo.

Llegó un momento en que ví que el camino que estaba siguiendo se empezó a ampliar, y era mucho más fácil ascender, en ese momento empecé a correr hacia arriba esperando ver lo que deseaba desde hacía ya mucho tiempo, y finalmente fue lo que yo creí, sonreí y grité con todas mis fuerzas porque por fin había llegado, estaba en la cima del Moncayo. Me acordé mucho de los montañeros que ví bajando, porque no me pude en ningun momento imaginar la fuerza que tenía aquel viento, que no me dejaba mantenerme en pie, y encima se sumaba el frío que era practicamente helado. Eran las 15.30h y aun no había comido, cerca encontré un pequeño murete de piedras montadas que llegaba mas o menos a la altura de mi cintura, esa fue mi pequeña sala de estar para poder evitar ese viento cortante, me senté en el suelo y saqué mi bocadillo, fue un momento muy especial, porque estaba comiendo a 2.300 metros de altura con unas vistas espectaculares.


Justo cuando me acabé el bocadillo, me levante y seguí caminando para poder llegar a la misma cumbre, que es donde todo montañero se quiere hacer una foto.
Como dije, ese día hacía mucho aire por Zaragoza, y en la cima del Moncayo, el viento se triplicaba y era muy dificil andar, tenía que ir medio agachado por la loma para poder avanzar mas o menos bien. Justo llegué a la cruz que estaba situada en la misma cumbre, cuando me dí cuenta que llegaban otro pequeño grupo de montañeros, que esta vez eran sorianos. Uno de ellos muy amable me hizo una foto para tenerla de recuerdo.

¡NUNCA OLVIDARÉ ESTE DÍA!

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