Llegó un momento en que ví que el camino que estaba siguiendo se empezó a ampliar, y era mucho más fácil ascender, en ese momento empecé a correr hacia arriba esperando ver lo que deseaba desde hacía ya mucho tiempo, y finalmente fue lo que yo creí, sonreí y grité con todas mis fuerzas porque por fin había llegado, estaba en la cima del Moncayo. Me acordé mucho de los montañeros que ví bajando, porque no me pude en ningun momento imaginar la fuerza que tenía aquel viento, que no me dejaba mantenerme en pie, y encima se sumaba el frío que era practicamente helado. Eran las 15.30h y aun no había comido, cerca encontré un pequeño murete de piedras montadas que llegaba mas o menos a la altura de mi cintura, esa fue mi pequeña sala de estar para poder evitar ese viento cortante, me senté en el suelo y saqué mi bocadillo, fue un momento muy especial, porque estaba comiendo a 2.300 metros de altura con unas vistas espectaculares.

Justo cuando me acabé el bocadillo, me levante y seguí caminando para poder llegar a la misma cumbre, que es donde todo montañero se quiere hacer una foto.
Como dije, ese día hacía mucho aire por Zaragoza, y en la cima del Moncayo, el viento se triplicaba y era muy dificil andar, tenía que ir medio agachado por la loma para poder avanzar mas o menos bien. Justo llegué a la cruz que estaba situada en la misma cumbre, cuando me dí cuenta que llegaban otro pequeño grupo de montañeros, que esta vez eran sorianos. Uno de ellos muy amable me hizo una foto para tenerla de recuerdo.

¡NUNCA OLVIDARÉ ESTE DÍA!
Jejeje, al final lo has conseguido eh?
ResponderEliminarTe quiero mucho ;)